El primer mes en el extranjero: consejos para superar el "homesickness" (morriña)

septiembre 4, 2026

En Septiembre Eduardo y yo vemos cómo los chicos despegan con sus maletas llenas de ilusión. Pero en cuanto pasan las dos o tres primeras semanas y la novedad inicial empieza a asentarse, suena el teléfono.

Al otro lado, una madre o un padre, con la voz un poco tensa, nos dice algo parecido a esto:

"Mi hijo me ha escrito llorando, dice que quiere volver a casa. ¿Hemos hecho lo correcto?"

Si estás en ese punto ahora mismo, o si todavía no habéis llegado pero ya te da miedo que pase, quédate a leer esto. Porque en veinte años acompañando a familias españolas en procesos de año escolar en el extranjero, hemos visto esta escena decenas de veces.

En School&Go no nos limitamos a gestionar un expediente académico o un visado. Para nosotros, el bienestar emocional del estudiante es el verdadero corazón del proyecto.

Por eso, hoy queremos hablarte abiertamente del famoso homesickness o morriña, por qué aparece durante los primeros 30 días y qué podéis hacer desde casa (y lo que nosotros hacemos desde la agencia) para transformarlo en el mayor aprendizaje de su vida.

¿Por qué aparece la morriña durante las primeras semanas?

Cuando un chico llega a un país como Canadá, Estados Unidos o Irlanda, los primeros días son un torbellino de estímulos.

Todo es nuevo: el instituto, la familia de acogida, el idioma, los horarios de las comidas y hasta el olor del supermercado. Durante esa fase inicial (lo que en psicología se conoce como la "luna de miel"), la adrenalina mantiene el ánimo por las nubes.

Sin embargo, hacia la tercera o cuarta semana ocurre un fenómeno inevitable: la rutina se impone.

El cansancio acumulado por tener que pensar y hablar en otro idioma las 24 horas del día empieza a pasar factura.

El estudiante se da cuenta de que esto no son unas vacaciones de verano de dos semanas, sino su nueva realidad para los próximos diez meses. Es en ese preciso instante cuando surgen los verdaderos retos de la adaptación de estudiantes fuera.

Aparecen pensamientos como:

  • «En España a esta hora estaría entrenando con mi equipo de siempre».
  • «Me cuesta seguir las bromas del grupo en el almuerzo y me cansa esforzarme tanto para entender».
  • «No me atrevo a pedirle a mi familia anfitriona repetir cena o cambiar las sábanas».

Sentir morriña no significa que vuestro hijo sea frágil, ni que haya sido un error enviarlo, ni que el programa esté fallando.

▶️ Para evitar caer en falsas expectativas antes del viaje, siempre viene bien repasar algunos de los mitos de estudiar en el extranjero más comunes que suelen preocupar a las familias. La morriña es sencillamente la respuesta natural del cerebro ante la pérdida temporal de su zona de confort.

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Los errores más comunes que cometemos los padres (sin querer) desde España

Cuando un hijo nos llama triste a miles de kilómetros, nuestro instinto de protección automático se activa a máxima potencia. Queremos solucionar el problema de inmediato, pero a veces, llevados por la angustia, cometemos pequeños errores comunes al estudiar en el extranjero que, lejos de ayudarle, alargan el proceso de adaptación.

1. El hipercontacto por WhatsApp y videollamadas

Este es el error número uno. Si el chico te llama llorando a las 8 de la tarde (su hora de salida del colegio) y te quedas hablando con él dos horas por videollamada mientras le enseñas al perro y le cuentas lo que habéis cenado, lo estás anclando emocionalmente a España.

Para superar el homesickness, el estudiante necesita poner su mente y sus sentidos en el lugar donde está físicamente. Hablar constantemente con casa le impide buscar la compañía de su familia anfitriona o unirse a los planes de sus compañeros de clase.

2. Validar el deseo de tirar la toalla demasiado pronto

Frases como «bueno, no te preocupes, si la semana que viene sigues igual te saco un billete y te vuelves» transmiten un mensaje devastador: «no confío en que seas capaz de superarlo». La mente del adolescente se aferrará a esa vía de escape y dejará de esforzarse por integrarse.

3. Dramatizar la llamada

Ellos descargan su frustración en la llamada con vosotros y, al colgar, se van a cenar o a hacer deberes y se quedan tan tranquilos. En cambio, vosotros os quedáis en España sin dormir en toda la noche. Recordad que la llamada a los padres suele ser su válvula de escape emocional; no significa que estén sufriendo las 24 horas del día.

Guía práctica para familias: cómo gestionar el primer mes paso a paso

Si queréis ser el mejor pilar de apoyo para vuestro hijo sin entorpecer su integración, os aconsejamos aplicar estas pautas que llevamos años trabajando en la agencia:

Estableced un "calendario de llamadas"

Acordad desde el principio dos o tres momentos a la semana para hablar por videollamada (por ejemplo, los miércoles y los domingos). Evitad los mensajes continuos durante el día.

Si os escribe diciendo que está triste, respondedle con afecto pero de forma breve: «Entiendo que hoy sea un día duro, hijo. Apóyate en tu coordinadora local o sal a dar un paseo. El domingo en nuestra llamada me cuentas cómo ha ido la semana».

Fomentad la acción dentro del colegio

La mejor medicina contra los problemas de estudiar en el extranjero es mantenerse ocupado. Animadle a apuntarse a cualquier club extraescolar, equipo deportivo o actividad voluntaria del instituto.

En países como EE.UU., apuntarse a actividades extraescolares en Estados Unidos o sumergirse en los deportes más populares en Canadá son el atajo más rápido para hacer amigos nativos y quemar la adrenalina del día.

Escuchad activamente sin juzgar

Cuando habléis con él, hazle preguntas abiertas enfocadas en lo positivo o en la solución:

  • «¿Qué ha sido lo más curioso que te ha pasado esta semana en clase?»
  • «¿Qué plato de la familia de acogida te ha gustado más?»
  • «¿A quién vas a pedirle ayuda mañana para la duda de matemáticas?»

Testimonios reales: superar la morriña es el primer paso hacia la madurez

Nosotros siempre os lo decimos: la magia de un año escolar fuera no ocurre cuando todo es perfecto desde el primer día, sino cuando el estudiante atraviesa esa pequeña tormenta inicial y descubre por sí mismo que es capaz de navegarla.

Para que veáis que esto es un camino recorrido por cientos de chicos antes que vuestro hijo, os invitamos a ver los vídeos con testimonios reales de nuestros estudiantes.

En ellos, alumnos que estuvieron en Canadá, EE.UU. u Irlanda cuentan en primera persona cómo vivieron esas primeras semanas de dudas, cómo superaron la barrera del idioma y el cambio radical de mentalidad que experimentaron al regresar a España.

Por ejemplo, Claudia estuvo en Reino Unido y comparte su experiencia sobre cómo se enfrentó a sus dudas sobre si volver antes de tiempo:

Cómo os arropamos desde School&Go durante el periodo de adaptación

Saber gestionar estas situaciones es la diferencia principal entre contratar un viaje de estudios genérico o contar con el respaldo de una agencia para estudiar en el extranjero con trato boutique y cercano.

Cuando surge un episodio de morriña acentuado, nuestro protocolo se pone en marcha de inmediato:

  1. Contacto con la coordinación local: Hablamos con el equipo sobre el terreno en el país de destino (los coordinadores del distrito escolar o de la organización local) para que hagan una visita informal al chico, se tomen un refresco con él y evalúen de primera mano cómo se está desenvolviendo.
  2. Apoyo a la familia de acogida: Nos aseguramos de que la familia anfitriona entienda la situación y le proponga pequeños planes en casa para que se sienta más arropado sin agobiarle.
  3. Asesoramiento directo a los padres: Mantenemos una comunicación constante con vosotros desde España. Os escuchamos, os orientamos sobre qué decirle en las llamadas y os damos la tranquilidad de saber que no estáis solos al otro lado.

La recompensa al otro lado del bache

Pasado el primer mes, ocurre el milagro. El cerebro se habitúa al nuevo idioma, los pasillos del instituto dejan de parecer un laberinto, los nombres de los compañeros se vuelven familiares y la rutina de la casa de acogida empieza a sentirse como un segundo hogar.

El día que vuestro hijo os llame no para contaros que echa de menos su habitación, sino para deciros emocionado que ha sacado un 8 en un examen de historia en inglés o que se va a dormir a casa de un amigo canadiense el fin de semana, sabréis que el esfuerzo ha merecido la pena.

Si queréis preparar con total seguridad el proyecto académico de vuestro hijo, os recomendamos consultar nuestra guía completa para estudiar en el extranjero o poneros en contacto con School&Go para mantener una reunión presencial en nuestra oficina o por videollamada con Eduardo y conmigo, María. Estaremos encantados de acompañaros en cada etapa del viaje.

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